Bajar de peso sin sufrir
Sin dietas de hambre ni efecto rebote. Bajar de a poco es lo único que después se sostiene en el tiempo.
Nutrición para la vida real · Villa Urquiza, CABA
Soy Lic. Agustina Rivas, licenciada en nutrición. Armo planes con la comida que usted ya come, adaptados a sus horarios, su bolsillo y sus gustos. Sin listas de prohibidos y sin pesar cada cosa.

Alcanza con que quiera comer mejor y no sepa por dónde empezar. Estos son los motivos más frecuentes por los que llega la gente al consultorio.
Sin dietas de hambre ni efecto rebote. Bajar de a poco es lo único que después se sostiene en el tiempo.
Cuando el análisis vino mal y el médico le dijo que tiene que cambiar la alimentación, pero no cómo.
Comer para entrenar mejor, recuperar más rápido y llegar entero al final de la semana.
Hinchazón, pesadez, idas al baño que no son las de siempre. Casi siempre hay una explicación y una salida.
Dejar la carne bien, sin quedarse corto de hierro, de proteínas ni de vitamina B12.
Qué comer durante el embarazo y la lactancia, y cómo arrancar con la comida de su bebé.
Llévese esto aunque no venga a verme. No hace falta contar calorías ni pesar la comida: con mirar el plato antes de sentarse a comer ya está haciendo la mitad del trabajo. Toque cada parte para ver qué va en cada una.
Elija una partepara ver qué va ahí
Y al lado, un vaso de agua. El aceite, siempre crudo y con cuchara: no a chorro sobre la ensalada.

La mayoría de las dietas fallan por el mismo motivo: son imposibles de sostener. Le prohíben todo lo que le gusta, no contemplan que trabaja nueve horas ni que los domingos come en lo de su mamá.
Yo trabajo al revés. Primero miro qué come hoy, cómo son sus días y qué está dispuesto a cambiar. Sobre eso armamos un plan que pueda seguir el mes que viene y también dentro de dos años.
Su mano es proporcional a su cuerpo, así que la medida ya viene adaptada a usted: alguien más grande tiene la mano más grande. Toque cada gesto para ver qué mide.
Carne, pollo, pescado o huevo: una porción del tamaño y el grosor de su palma, sin contar los dedos. Una por comida principal.
Un mensaje por WhatsApp y coordinamos el día. Si tiene análisis de los últimos meses, tráigalos; si no, empezamos igual.
Dura una hora. Charlamos de sus días, sus horarios y lo que le gusta comer. Se va con el plan armado, no con una lista de prohibidos.
Nos vemos cada tres o cuatro semanas y, entre medio, me escribe por WhatsApp cualquier duda. Ahí es donde pasa lo importante.
Av. Triunvirato 4200, 1º A — Villa Urquiza, CABA. A tres cuadras del subte B, con estacionamiento en la cuadra.
Desde su casa o desde donde esté, en el país o en el exterior. El plan se arma igual y le llega por WhatsApp.
Me escribe por WhatsApp cuando tenga una duda. Una foto de la góndola y le digo cuál llevar.

No. Si le prohíbo el helado, lo va a comer igual y encima con culpa, que es lo peor de los dos mundos. Trabajamos con cantidades y con qué tan seguido, nunca con listas de prohibidos.
No. Le enseño a medir con la mano y con el plato, que son las dos cosas que va a tener siempre encima. Nadie sostiene una balanza de cocina toda la vida.
En la balanza, unas semanas. En cómo se siente, cómo duerme y cómo le rinde el día, casi siempre bastante antes.
Funciona igual de bien. La consulta es la misma charla y el plan se arma igual; solo cambia que no lo peso yo. Muchos pacientes combinan: la primera presencial y los controles a distancia.
Si tiene alguno de los últimos seis meses, tráigalo. Si no, arrancamos igual y, si hace falta, se los pido para la próxima.
Atiendo de manera particular y le entrego la factura de cada consulta para que la presente en su obra social o prepaga. Muchas devuelven una parte.
Sí, desde los 6 años y siempre con un adulto en la consulta. Con los más chicos el trabajo es con toda la familia, no con el chico solo.
Escríbame por WhatsApp y coordinamos el día. Me cuenta qué lo trae y le paso los horarios que tengo esta semana.